Terapias

Cuando una persona decide buscar ayuda psicológica suele estar en una situación complicada emocionalmente. A la mayoría de personas les cuesta tomar esta decisión y suelen hacerlo cuando han agotado todos los recursos propios para dar solución.

Para que sus demandas sean atendidas es necesario que cumplan sus expectativas. Si es la primera vez que acude a psicoterapia debe tener una idea clara de lo que va a encontrar y lo que puede esperar. De lo contrario, la decepción puede dar al traste con el tratamiento.

Muchas personas tienen la imagen casi bucólica del clásico y típico diván donde la persona se pasa años hablando de su infancia y de sus relaciones parentales. Esta idea está relacionada con un enfoque muy determinado de los principios de la Psicología pero que se ha mantenido por la utilización que de ella se ha hecho en medios cinematográficos y contextos humorísticos. Pero nada tiene que ver con la realidad.

La mayoría de los psicólogos actuales utilizamos métodos basados en la Psicología Cognitiva o Cognitiva-Conductual. Estas terapias no se centran en el pasado sino en el presente, en el problema motivo de consulta y tienen como objetivo la modificación de pensamientos, emociones y conductas responsables del malestar y el sufrimiento psicológico.

Son terapias fundamentadas en estudios e investigaciones de carácter científico. Significa que los tratamientos que se utilizan tienen un respaldo de veracidad contrastada. Disponemos de protocolos, procedimientos y técnicas que han sido respaldadas por miles de investigaciones sujetas a modelos experimentales y rigurosos. Por eso sabemos qué tipo de técnicas son la que tienen éxito con ciertos problemas o determinadas patologías y cuáles no.

Una psicoterapia es un tratamiento psicológico. No es una receta, no es la prescripción de algo que pueda concretarse en una frase, aunque a veces el paciente lo espera. La persona que acude buscando ayuda debe saber que consiste en un proceso, en un camino donde ella es la protagonista. El psicólogo es el guía, el facilitador, es quien ofrece las herramientas. Pero el paciente debe ser consciente que es necesaria su implicación, su motivación y su trabajo constante para que los cambios puedan producirse.

Las primeras sesiones están destinadas a evaluar la situación motivo de consulta y conocer el problema. Posteriormente, un análisis de los datos recopilados llevará a una explicación del por qué surge el problema y qué es lo que lo mantiene, es decir, emitirá un diagnóstico de lo que sucede. Entre terapeuta y paciente se establece un plan de intervención donde se marcan los objetivos que se quieren conseguir.

El psicólogo le enseñará una serie de técnicas, recursos, estrategias, habilidades que fomentarán el cambio de pensamientos y comportamientos causantes de la perturbación emocional. Entre otras cosas usted aprenderá a resolver conflictos interpersonales, enfrentarse con éxito a situaciones estresantes, gestionar las emociones adecuadamente, pensar de forma más positiva...En general, podrá aprender recursos suficientes para que pueda vivir de forma más sana.

Para que esto suceda es necesario hacer un trabajo introspectivo, es decir, hay que mirar hacia el interior de la persona para que comprenda lo que ocurre. Debe ser consciente de cómo ha llegado a esa situación, de las cosas que hace o evita hacer y que son las responsables de que la situación de sufrimiento se mantenga. Es entonces cuando se podrán elegir las posibles vías de solución y buscar las estrategias más adecuadas. Todo ello requiere un compromiso con el trabajo terapéutico por parte del paciente.

Para poder facilitar el cambio durante el proceso terapéutico es necesario establecer una relación entre terapeuta-paciente centrada en el contacto con el presente. Esta relación de carácter íntimo, confidencial y sincero debe cumplir también unas características. La terapia debe realizarse dentro de un espacio seguro donde el paciente pueda sentir confianza, aceptación incondicional, respeto y tolerancia. De lo contrario es muy difícil que el tratamiento avance.

Las terapias cognitivas de última generación no sólo se proponen mejorar o eliminar los síntomas sino que enfocan su tratamiento a la movilización y el desarrollo del potencial humano, es decir, suponen un autoconocimiento y un crecimiento personal. Se produce un cambio significativo en la calidad de vida cuando la persona comprende que debe cambiar lo que sea susceptible de cambio y aceptar lo que no puede cambiarse.


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